Transexismo: una variante del prejuicio y del poder

 

Lara Rubin

Junto al cine, las series y el video, la televisión ofrece en ocasiones documentos que pueden dar lugar a interesantes reflexiones conceptuales. La televisión argentina en particular permite, con frecuencia, encontrar variantes de maltrato hacia distintas minorías: las mujeres y disidencias es una de ellas. En una entrevista a la actriz y vedette Florencia de La Vega conducida por el periodista Mauro Viale en 1997 se puede advertir un claro caso de violencia de género y una de las nuevas formas de prejuicio planteadas por Molero Alonso (2007).

Estas nuevas formas coinciden con la definición actual del prejuicio, entendida como una actitud positiva o negativa hacia un grupo y sus miembros, que mantiene, crea o refuerza una relación jerárquica..Una de estas nuevas formas de prejuicio es lo que se conoce como el sexismo ambivalente (Glick y Fiske, 1996, citado en Ungaretti, 2019), que por ser multidimensional abarca dos tipos de actitudes sexistas hacia la mujer: la benevolente y la hostil. El sexismo benevolente hace referencia a las actitudes positivas hacia una mujer, por considerar que conserva el rol tradicional del género que se le impone: es una actitud positiva, en el sentido lógico, porque no es directamente hostil; pero genera una perpetuación del dominio del hombre por sobre la mujer al considerar a las mujeres como débiles, frágiles, pasivas e indefensas. De esta manera se encasilla al rol y se desprecia a quien que no entra en lo típico y esperado. Y es allí cuando surge su contrapartida: el sexismo hostil hacia las mujeres que desafían los estereotipos tradicionales; en esos casos, la actitud que se tiene hacia ellas es negativa y de antipatía, acorde a la definición clásica del prejuicio de Allport (1954, citado en Molero Alonso, 2007).

 

Es primordialmente este sexismo hostil, que aquí proponemos denominar transexismo, el que se puede reconocer de parte de Viale a Florencia de la V cuando le pregunta si ella es varón, a lo que ella responde de manera negativa, pero agrega que “nació siéndolo”. No conforme con la respuesta, Viale agrega entonces que efectivamente “es un varón” y le pregunta si está “operado, operada”, en masculino y en femenino, porque sigue sin reconocerle su identidad –a la vez que manifiesta su desagrado hacia ella. A esa pregunta Florencia le responde que todavía no está operada, y es ahí cuando Mauro le dice: “todavía no… entonces sos un varón”, insinuando que sólo si media una intervención quirúrgica podría abrirse la discusión (y ni siquiera el hecho) sobre si ella es mujer o no (Viale, 1997; 0:12). 

 

Esto evidencia un claro sexismo (transexismo en este caso) hostil que tiene como fundamento principal el mero hecho de que Florencia de La Vega se sustrae del modelo tradicional de mujer, nacida con el sexo femenino. Y el hecho de que se enseña a atacar todo lo que va en contra de los valores impuestos por la sociedad en la que se vive, todo lo que contradice lo hegemónico, por más desigual que sea. Esto se relaciona con el concepto de dominancia social, cuya teoría si bien fue formulada por otros autores, Molero Alonso retoma en estos términos: “Para minimizar y ocultar dicha desigualdad, los grupos dominantes promueven una ideología que justifica su dominación y que suele ser aceptada por todos los grupos presentes en una determinada sociedad” (2007; 605).

Las maneras en las que se promueve esta ideología pueden variar, pero una de ellas es la comunicación; entendiéndose en su contexto, con las personas, cosas e instituciones con las que el individuo interactúa. Watzlawick va a decir que toda conducta es comunicación, por lo que es imposible no comunicar: ya sea a través del lenguaje verbal (nivel digital de la comunicación) o a través del lenguaje no verbal (nivel analógico). Dentro de este nivel analógico Watzlawick incluye “la postura, los gestos, la expresión facial, la inflexión de la voz, la secuencia, el ritmo y la cadencia de las palabras mismas” (1971; 63).

Si bien Florencia de la Vega no le dice a Mauro Viale que lo que está haciendo está mal ni que la está discriminando injustamente e incomodando con palabras, se lo hace saber mediante este nivel analógico: silencios, gestos, incomodidad en las palabras al responder, etcétera. Esto se puede apreciar claramente cuando Viale le pregunta cómo se llama, a lo que ella responde que se llama Florencia de la Vega y él, no conforme con la respuesta porque no es la que quiere escuchar, le dice: “¿y de nombre de varón?”. Esto marca una clara agresión hacia Florencia y su identidad, pero ella no logra expresar con palabras su sentimiento de angustia y por eso, luego de un silencio y una mirada incómoda, responde que no se acuerda (Viale, 1997; 0:23).

 

Más de una década después, Florencia dirá que: “Fue mi peor pesadilla. Hoy en día lo que me pasó tiene nombre: violencia de género” (Noriega, 2020). Esto muestra una clara diferencia de poder en la relación entre ambos personajes, y para Watzlawick en la comunicación hay relaciones basadas en la igualdad (interacción simétrica) o basadas en la diferencia (interacción complementaria). Esta última interacción es la presente en esta entrevista, ya que la conducta agresiva de Viale generó la incomodidad y el silencio de Florencia De La Vega, quedando así dos posiciones: una superior o primaria y otra inferior o secundaria. Esto también se relaciona con lo planteado anteriormente de dominancia social, ya que quienes estuvieron presentes en el set durantede esta entrevista no intervinieron de ninguna manera, ni emitieron comentario alguno, generando así la aceptación silenciosa de esa desigualdad y discriminación, siendo de alguna manera cómplices de la misma.

Esto puede ser considerado según Hogg y Vaughan como influencia normativa, entendiendo como influencia social primero al “proceso por el que la presencia real o implícita de otras personas influye en las actitudes y la conducta” (2010; 263). Los autores plantean la idea de que el propósito de esta influencia normativa es cumplir con la expectativa positiva de los demás y obtener su aceptación y aprobación (necesidad inherente del ser humano), y este mismo propósito es el que deben haber tenido los y las presentes en el momento de la entrevista a Florencia. Ella después de muchos años dirá “Nadie hizo nada. Nadie me defendió” (Karina Noriega, 2020); las otras personas, por el miedo a la desaprobación social y grupal y sobre todo el temor a la desaprobación del conductor principal, le siguieron la corriente. Es por esto que también se puede afirmar que hay una relación de poder tanto entre Viale y los otros trabajadores como entre Viale y Florencia. El poder según Hogg y Vaughan es la capacidad de influir en otros (2010; 237), por lo que se puede decir que el conductor está en una situación de poder o autoridad, ya que todos se muestran de acuerdo con lo que él dice y hace con sus silencios. Si bien puede llegar a ser una conformidad superficial y no un cambio cognitivo, es más que suficiente para mantener la misma estructura jerárquica y la misma matriz de discriminación. El poder que se juega en la persona de Mauro Viale aparece legitimado por una lógica según la cual el influyente está autorizado a tomar decisiones, Y por el de referencia, definido como “identificación, atracción o respeto hacia la fuente de influencia” (2010; 238). De referencia porque tanto los demás trabajadores como Florencia de la V le tienen mucho respeto por ser un personaje mediático que encarna una figura poderosa, con contactos, reconocido públicamente, y lo más importante: es hombre.

En esa época la autoridad que tenían los hombres sólo por el hecho de serlo era mucho mayor a la que tienen hoy en día (que igualmente es bastante amplia), por lo que el periodista era visto como una autoridad con el derecho a maltratar y humillar a quien fuere necesario, y había que respetarlo y no contradecirlo si se quería seguir en el mundo mediático. Cuando le preguntaron a Florencia si tuvo que amoldarse al maltrato de los medios para sobrevivir ella respondió: “Sí, claro que sentí que tenía que transar. Fue la presión de tener que encajar en los medios y acomodarme a esta sociedad patriarcal” (Noriega, 2020).

 

Bibliografía:

Nota:

1Una primera versión de este escrito fue realizada por la autora en el marco de la cátedra I de Psicología Social a cargo del Prof. Martín Wainstein y bajo supervisión de Sofía Petetta Goñi, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2020.