El crimen de Fernando a la luz de la matriz Milgram:

Una explicación de las coordenadas psicológicas de su muerte

Por Elizabeth B. Ormart

El famoso experimento de Stanley Milgram que tuvo lugar en la década del 60 visibilizó una estructura de grupo en el que un sujeto ”la víctima” recibía una serie de descargas eléctricas de 15 a 450 voltios, que eran administradas por otro sujeto alentado por un tercero [1]. La hipótesis que motivó al famoso investigador de la Universidad de Yale, era encontrar la matriz psicosocial que le permitiera comprender como un sujeto era capaz de matar a otro, sin conocimiento o inquina previa, solamente porque un tercero se lo ordenaba.

Si bien, el experimento puso el énfasis en la estructura de obediencia a órdenes criminales, nos sirve también para comprender, lo que Freud describe como el fenómeno de masa [2]. En la masa todos los integrantes comparten un mismo ideal y esto les da cohesión y refuerza la ligazón afectiva entre los miembros del grupo. Creer en el grupo, ponerse la camiseta del grupo, jugársela por el grupo se vuelve una exigencia moral. Se pierde de vista la finalidad de la acción colectiva que se justifica por el compromiso con el grupo. Este rasgo central de la matriz Milgram -que pone de manifesto el sociólogo Baumann- es la moralización de la técnica. Lo moralmente bueno es el compromiso con la tarea compartida invisibilizandose el efecto de la misma.

Llamamos Matriz Milgram al dispositivo psicosocial que tiene efectos inter e intrapsiquicos y se monta entre dos o más sujetos en torno a una tarea que se presenta como “de todos”.  El primer golpe asestado sobre el cuerpo de Fernando marcó el comienzo de la descarga agresiva del grupo, en la que unos pateaban y otros arengaban y todos lo mataban. Milgram descubrió que una vez que se monta este dispositivo el 65% de las personas continua hasta el final.

Fernando ocupo en la noche del baile el lugar de víctima o enemigo del grupo que lo atacó. Sobre él se descargó la agresividad grupal, no por un acto que la haya ocasionado, el motivo que desató el primer golpe es nimio y sin importancia. Podría haber sido cualquier persona que entrara en la lógica de funcionamiento del grupo. Ya que los integrantes de equipo sienten que esta es una tarea en la que todos tienen que participar por compromiso con sus compañeros de grupo.

Un rasgo significativo de la matriz Milgram es el procedimiento estandarizado que consiste en una secuencia de acciones repetitivas para los sujetos. No se trata de un crimen con un arma, se trata de una secuencia de golpes que dejan inconsciente a la víctima y que se continúan hasta su muerte. En el experimento de Milgram, había un momento en el que se simulaba la inconciencia o muerte del sujeto que recibía las descargas – se trataba del punto en el que la persona dejaba de gritar y quejarse por ellas- pero aún esto, no provocaba que los sujetos dejaran de electrocutarlo. Ya que se impone como necesario terminar la tarea que se comenzó.

La matriz Milgram entonces pone de manifiesto: acciones violentas repetidas sobre la víctima, una conformación de masa – alianza entre los miembros- que se unen en la tarea de agredir y la consecuente convicción que lo correcto es ser fiel al grupo y hacer bien la tarea grupal.

Finalmente, esto lleva a la pregunta por la responsabilidad de los miembros de la masa. Se produce una “responsabilidad flotante” en la que nadie se siente responsable de lo ocurrido porque todos participaron. Cuando todos son responsables nadie lo es. Sin embargo, es justamente esta posición subjetiva de obediencia a la voluntad grupal lo que responsabiliza a cada uno de los involucrados, no solamente en el plano jurídico sino en términos de su propia singularidad.

[1] http://www.aesthethika.org/-Volumen-9-Numero-1-

[2] http://www.aesthethika.org/IMG/pdf/Ormart_La_ola.pdf

Psicología, Ética y

Derechos Humanos

Facultad de Psicología / Universidad de Buenos Aires

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